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Barracas Central, un símbolo de pasión barrial

Según cuenta la historia todo arrancó con la idea de Silvero Angel Gardella, a quienes todos conocían como “Saquito”, un descendiente de genoveses que admiraba el fútbol de Alumni, club pionero en el amateurismo argentino, y que dejó su vida imitando esa obra.

Ese sueño se materializó en la cocina de la casa de Suárez 2745, una vieja casa de madera, con su aljibe en el fondo, donde se juntaron los primeros en firmar aquella acta de fundación que el 5 de abril de 1904 le dio vida al Club Atlético Barracas Central.

Angel Gardella, quien cedió la cocina de su casa, fue el primer presidente de la institución, pero además ‘centroforward‘ de su equipo, y su capitán.

Los comienzos fueron muy duros, todo se hacía a pulmón, pero la idea de tener el club de fútbol estaba concretada y solo quedaba trabajar para que el club crezca. Desde aquellos primeros años hasta hoy el club supo de ese sacrificio y le tocó pasar por momentos más que complicados aunque sin dudas la década del 2000 fue el momento que lo tuvo al borde del KO. La dura crisis que vivió el país en 2001 golpeó muy fuerte a todas las instituciones barriales y Barracas no fue la excepción.

Sufría, las instalaciones estaban deterioradas, el abandono hizo que muchos socios dejaran de pagar la cuota y otros terminaron emigrando a otras instituciones. Pero el amor de aquellos que sintieron la pasión por Barracas de generación en generación una vez más salió a relucir y puso de pie a un club que hoy volvió a ser una referencia en el barrio.

“Barracas sufrió una transformación desde la década del 2000, eso es innegable. Sigue manteniendo su esencia, la de un club familiar, que busca reunir a la gente del barrio, pero hoy la realidad es que se dejó ese costado amateur para tener las cosas mucho más en orden”, cuenta Gustavo “Tato” Pagano un socio del club, hincha y que recorre las instalaciones desde los cuatro años cuando se hizo socio.

Recuerdos

Uno de los recuerdos que dan vueltas en la cabeza de los socios del club y que marcan a las claras la evolución de Barracas tiene que ver con las canchas de fútbol. En aquellos años duros de la crisis las canchas auxiliares donde hoy entrena el primer equipo eran un lugar con los yuyos altos, con algunos escombros y hasta elementos en desuso que impedían el normal desarrollo de una actividad.

“Hoy ese lugar al que todos recordamos como emblemático tiene una cancha de césped sintético. Pero no es ese el único cambio determinante o más llamativo. Porque también es bueno destacar lo que tiene que ver con la actividad social, con las mejoras para los que van todos los días al club”.

El quincho

“Gracias a este laburo diario se pudo mostrar que Barracas es un club para la familia. Hoy hay más gente, muchos de los que se habían ido volvieron. Es muy loco lo que pasa porque la generación de los 40 y 50 años recién está conociendo al club. Ellos no vivieron su juventud en Barracas porque en aquellos años el club no estaba preparado, por eso hoy vienen y se juntan con los más grandes, los abuelos, que sí estuvieron en aquellos años y es muy lindo ver a la familia reunida”, cuenta Gustavo “Tato” Pagano.

Barracas sabe lo que es remarla, pelear contra la corriente, pero cuando las cosas se pelean se disfrutan el doble. Hoy el club volvió a vivir y el barrio lo disfruta.

Entre algunos cambios importantes, Tato destacó: “Hoy el quincho luce espectacular, se le cambió toda la paja, hay muchas más parrilla de las que había antes, está todo el lugar pintado, todo luce más lindo. La pileta, por ejemplo, es la misma que siempre tuvo el club pero hoy tiene un cerco perimetral de rejas y antes había sogas. Ojo, esto hecho por todo el conjunto de gente que viene a Barracas, es un trabajo grupal enorme, porque acá muchos se piensan que sobra la guita y no es así, hay mucho amor por el club y trabajo”, cuenta Tato.

Una de las repercusiones directas de todos estos cambios fue la vuelta al club de aquellos socios que en el 2000 habían decidido buscar otros lugares de esparcimiento. Hoy el vecino volvió al club y en el movimiento y la vida diaria de Barracas se nota.

La historia de Barracas no solo cambió desde lo edilicio sino que también experimentó un cambio radical en lo deportivo. En la temporada 2009/2010 logró el tan ansiado ascenso y dejó de jugar en Primera C para instalarse desde entonces en la tercera categoría del fútbol argentino después de 61 años.

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