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35 comparsas en San Telmo

Se juntaron más de 2.000 músicos y bailarines, también vinieron artistas de Uruguay. 

Los Tambores sonaron en México y Tacuarí. Buscan recuperar el legado de la población negra de la época colonial. 

Esto fue un ghetto. “Esto”, es una esquina del barrio porteño, que en la época colonial supo ser, junto a San Telmo, el destino de muchos esclavos negros. A medida que fueron estableciéndose como etnias en sus calles comenzó a ser común escuchar candombe y otros ritmos de tambores. Por eso, se dice que son los dos “barrios porteños candomberos o de los tambores”. Todo hasta comienzos de 1900, cuando empiezan a desaparecer, por las epidemias y las guerras.
Pero ahora, en los fines de semana la esquina de Tacuarí y México se parece a aquellas épocas: se cortaron las calles y los vecinos están disfrutando el candombe en las puertas de sus casas, de sus conventillos, de sus hoteles. Sentados sobre reposeras, el cordón o el piso. Tomando mate, gaseosa o cerveza. El que no baila, aunque sea mueve algo de su cuerpo. Algunos lo hacen desde las ventanas de sus hogares. 
Hay camisetas de Peñarol, de Uruguay y de San Telmo, el equipo del barrio que hoy tiene su estadio en Isla Maciel y es apodado “El Candombero”. A lo largo de la tarde desfilarán 35 comparsas (incluyendo las uruguayas invitadas), compuestas por unos 2.000 artistas.
Todo se debe a la Octava llamada de Candombe independiente “Lindo Quilombo”, que nació en 2009 por la necesidad de no tener como intermediario al Gobierno de la Ciudad. 

Las cuatro primeras “llamadas” fueron en San Telmo y luego se mudaron a Monserrat. “Lo que hacemos es recuperar esa memoria afro del barrio”, aclara Fernando, uno de los organizadores. Y explica, para entender un poco más: “El candombe es muy callejero, popular, abierto, tiene que hacerse en forma colectiva y es comunitario”.


 
El candombe es callejero, popular, abierto y comunitario”, definen desde la organización de la movida.

El “ser comunitario” es, por ejemplo, el trabajo que realizan con la Asamblea del Pueblo, que tiene su sede a pocas cuadras de esta esquina. Ahí les hablan del género a los niños del barrio y los incentivan a hacer sus tamborcitos y les enseñan a tocarlos.

A puro color. La tarde en la "llamada" que se realizó en Monserrat. / Rolando Andrade
El mito de que San Telmo y Monserrat (después se le sumaría La Boca) son los barrios porteños del Candombe lo resurgirían los afrouruguayos que llegarían a la zona en los setenta y ochenta, exiliados de la última dictadura en ese país. “En los ‘90. un grupo de uruguayos se dedicó a abrir su cultura ante los blancos y los porteños y todo empezó a crecer”, agrega Eduardo, otro de los organizadores. Desde ese día cada “llamada” suele convocar unas treinta comparsas.

Gracias a la globalización, se fueron conociendo otros ritmos de las culturas afrolatinoamericanas, como la salsa o el samba.

En Buenos Aires, hay cerca de doce comparsas, otras doce en el Conurbano y una decena en La Plata. También hay algunas más en distintas provincias del país. En los últimos quince años la oferta de talleres en centros culturales, clubes o en forma particular comenzó a crecer, como fue ocurriendo con otros ritmos de tambores.

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