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Barracas, amenazas de bomba

Docentes y alumnos de escuelas de Barracas: en vilo por una seguidilla de "amenazas de bomba"

Los llamados anónimos al 911 se suceden hasta cuatro veces al día y al menos tres veces por semana; reclaman avances en la investigación para saber la procedencia de estas comunicaciones que perjudican a la educación pública.

El timbre se extiende durante un par de minutos y todos los alumnos de la escuela comercial N° 1 Joaquín V. González, ubicada en el barrio de Barracas, ya saben qué deben hacer. "Es la bomba 45", se escucha por los pasillos del centenario edificio mientras estudiantes y docentes evacúan el lugar...una vez más. Casi todos los días, desde que comenzó el año escolar, al menos un llamado al 911 alerta que hay una supuesta bomba en el inmueble de la avenida Montes de Oca.
Sólo en lo que va de 2016, el ministerio de Educación porteño recabó 125 denuncias por estos llamados anónimos que afectan a 32 escuelas de la Ciudad - durante el año pasado se contabilizaron 190 comunicaciones de este tipo -. La mayor parte de los hechos se sucede en cinco instituciones ubicadas en Barracas, las más perjudicadas por estos alertas. Los integrantes de estas comunidades educativas están tan hartos de esta situación, ante la imposibilidad de llevar adelante las clases con normalidad, que este mediodía se manifestaron en el cruce de las avenidas Montes de Oca y Suárez para exigir que avance la investigación que eche un manto de luz sobre la procedencia de las comunicaciones.


"Queremos estudiar". Así de básico era reclamo de los estudiantes. Paula, alumna del Normal N° 5, sostenía la pancarta. "Las amenazas ocurren de dos a tres veces por día, casi toda la semana". Cada vez que la policía alerta sobre el llamado recibido, se inicia un protocolo de evacuación que se extiende entre una y hasta tres horas hasta que la división explosivos de la Federal o de la Metropolitana recorre con perros el edificio. Son minutos sin clase. Es tiempo en el que los estudiantes permanecen en la calle, bajo las inclemencias del tiempo y expuestos a la inseguridad.
Nadia es mamá de Uma, que va a la sala tres del jardín, y de Elián, que cursa el primer grado en el Normal N° 5. "Mis nenes tienen que estar más de una hora en la calle, con frío, bajo la lluvia, entre dos y tres veces a la semana. Es una locura", reflexionó enojada mientras la pequeña transformaba el asfalto de la avenida Suárez en una especie de pizarrón al que decoraba con coloridas tizas. Un día tuvo que escuchar a su hijo que le decía: "¡Mirá si explotamos todos!". Ella pudo contener a sus hijos, pero hay otros pequeños alumnos que cada vez que "salen a pasear a la calle", como les dicen los maestros para no asustarlos, lloran desconsolados.
 

Hace poco más de dos meses que comenzaron las clases en la escuela Técnica N° 14 "Libertad" y ya tuvieron que evacuar el edificio en 22 oportunidades. El profesor de Electrónica Alejandro Tidone no podía ocultar su sorpresa. En todo el 2015 habían recibido 34 llamadas anónimas. "Tod

o esto es en desmedro de la educación pública. No sólo se acorta el tiempo de clase, sino que con cada evacuación siempre hay alumnos que se vuelven a sus casas", dijo a La Nación.
Las amenazas se volvieron tan habituales que se naturalizaron. Parecen formar parte de la currícula, alertaban los preocupados maestros. Para reemplazar ese tiempo perdido, algunos actos escolares del Joaquín V. González fueron suprimidos, contó el docente Sebastián. Detrás de él, una adolescente sostenía una pancarta que reclamaba: "Quiero estudiar sin miedo".
Minutos después que la manifestación terminara, todo volvió "a la normalidad" en el Joaquín V. González: pasadas las 15 la escuela fue evacuada por una nueva amenaza de bomba, contó una profesora.


La ministra de Educación de la Ciudad, Soledad Acuña, indicó que la semana pasada se presentó como querellante ante las fiscalías federales N° 6, 7 y 8, que llevan adelante las causas dependiendo quien se encuentra de turno, "con el objetivo de que unifiquen los expedientes".
Los padres de los alumnos damnificados por los llamados anónimos cuestionaban "el nulo avance de las investigaciones". "¿Cómo puede ser que pudieron identificar al hacker de la UADE y no pueden determinar de dónde vienen estas alarmas?", se preguntó Juan Carlos, papá de un alumno de la técnica N° 14.

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