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Frank Anglas el tatuador de Puerto Madero

El peruano Franko Anglas (35 años) dice, en su local de tatuajes de Puerto Madero que crecer viendo a sus padres trabajando, marcó su vida. Y que su madre le inculcó su interés por la pintura y el arte. En 2014 se convirtió en el primer tatuador del barrio más joven de la Ciudad. Antes, en 1999 había descubierto el arte de dejar marcas en la piel cuando compró una máquina de tatuar y consiguió que su mamá, desde Buenos Aires, le enviara pigmentos. Arrancó con tatuajes a tres amigos y entonces decidió colocar en el frente de su local de alquiler de VHS un cartel que decía “Tattoo”. Y así, tatuó durante un año y se convirtió en la novedad de Lurigancho, el humilde barrio de su Lima natal.

Fue cuando decidió probar suerte en Buenos Aires. Otra vez el inicio fue una cartel, esta vez en una salón de fiestas de la familia. A los dos años el primer salto: un local a la calle, en Once. Atendía, calcaba, tatuaba, limpiaba. Luego, una mudanza a metros del shopping Abasto, donde se quedó hasta 2013. Fue para esa época que pensó en seguir tatuando en un estudio privado, alejado del ruido de la Ciudad. Le recomendaron Puerto Madero y terminó viviendo, pintando y tatuando en piso 35 de una de las torres del barrio. Por lo general, a los clientes de años o los que lo contactaban vía redes sociales.

     
“Durante el primer año fui conociendo la zona y hablando con comerciantes”, recuerda. “Miraba los locales en alquiler y se me ocurrió abrir el primer local de tatuajes del barrio. Por suerte fue aceptado por vecinos y muchos extranjeros que andan de paso”. La fachada y la recepción del comercio no se distinguen de las otras de la cuadra o de la zona. 

Los primeros clientes fueron los trabajadores del barrio. En especial, los del rubro gastronómico. Con ellos fue haciendo promociones y canjes: recibía comensales por recomendación y a algunos de sus clientes les regalaba cenas que les daban los restoranes. 

Hoy recibe gente que viene desde distintos puntos del país solo para tatuarse. El resto son vecinos del barrio o turistas. “Como no estamos tan expuestos se limita mucho: por lo general llega solo el que realmente quiere tatuarse. Estamos en Puerto Madero pero tenemos clientes de todas las clases sociales”.

En el local de tatuajes de Puerto Madero tatúan, además de Franko, reconocidos artistas internacionales que vienen por semanas o pocos meses y a partir del anuncio en el Facebook del local, los clientes sacan turnos. Han tatuado artistas de Europa, Estados Unidos y toda Sudamérica. Esa camaradería entre colegas es la que le permitirá a Anglas, durante el resto del año, tatuar en convenciones y locales de México, Perú, Brasil, Colombia, Uruguay, Alemania, Inglaterra y Francia.

Dice, como si a esta altura hiciera falta, que el tatuaje le dio todo. De crecer en un barrio humilde de Lima a vivir en el barrio más caro de Buenos Aires. “Es una gran satisfacción haber logrado lo que me propuse. Hoy hago un trabajo por día. Le dedico el tiempo que se merece y me encanta trabajar así”.

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