Higiene ambiental  La Cocina Italiana!! Verano y Diversion!


La Feria, un mar de gente!

Los domingos en el barrio de San Telmo, cerca de la plaza Dorrego, la expresión "un mar de gente" se vuelve concreta. La calle Defensa es una enorme plataforma de exposición de artesanías, cuadros, vestimentas, libros, budines y tejidos de lana. También hay actores, bailarines de tango y estatuas vivientes. Es decir que hay para todos los gustos y, si no llueve, se puede pasear si lo que se busca es avanzar lentamente, mirar y comentar, asombrarse y elegir en qué gastar, si aún hubiera, dinero.

Hago un desvío y entro en una galería con locales donde venden antigüedades. Muebles lustrados, jarrones que podrían contener un árbol en su interior, tapices con plácidas escenas de una campiña europea. Al final de la galería asoma un jazmín en un patio minúsculo. Antes, llego al umbral de un local diminuto con un cartel escrito a mano: "Tarot-Consultas $ 100". Agradezco la simplicidad del mensaje, sin apelaciones al futuro o la felicidad total, sin la urgencia convencida (¿de qué?) con que se promociona la parapsicología. ¿Por qué no? Se acerca un nuevo año, 2016 por fin se termina, podría hacer un balance y atisbar mi suerte. (Los clichés quedaron de mi lado.)

La mujer sentada detrás de la mesa cubierta con un tapete de color púrpura no usa turbante ni tiene un papagayo en el hombro, aunque me pregunto si los que usaban pájaros al hombro no eran los piratas. No se ve un caldero con vapor humeante en un rincón del local ni imágenes de distintas religiones en convivencia armónica. En silencio me encomiendo a Olga Orozco, la poeta tarotista más célebre de la Argentina. En una entrevista, la autora de Los juegos peligrosos contó que había aprendido a leer el tarot a los trece años en Bahía Blanca con una señora italiana que era sombrerera.

Saludo y me siento frente a Susana. Es una persona amable, que habla serenamente, como si la calle Defensa estuviera del otro lado del Río de la Plata. "Vamos a ver cómo estás ahora, la primera lectura es acerca del presente", dice. Tengo que mezclar y cortar el mazo en tres con la mano izquierda. Elijo varias cartas, pero es ella quien debe darlas vuelta y, después, interpretar. Susana lee imágenes como otros leen textos ajenos, como los médicos leen síntomas y los paisanos, huellas en el monte. La primera carta es la emperatriz. "Una mujer de poder te cuida", me dice. Podría ser mi madre, una autoridad en el trabajo o una persona de influencia espiritual. Imagino el rostro de mi madre y el de mis jefas en el trabajo, también el de mis amigas y mis tías, todas vestidas con los ropajes de una reina. Les quedan bien.

"El tarot es una máquina para pensar", escribió Victoria Arderius en el prólogo de 22 cuentos al azar. Breves relatos con el tarot, de Pablo Morán Suárez. "Las imágenes del tarot ilustran cada una de las escenas que podemos vivir a lo largo de la vida. Por ejemplo, la emperatriz es la madre gozosa; el loco, una persona arrebatada que piensa muy poco y sigue sus impulsos ciegamente. La sacerdotisa, una mujer más bien solitaria que tiende a la introspección y el emperador, un hombre que invade territorios ajenos y es capaz de pisotear las flores del jardín vecino con tal de conseguir lo que quiere." (De este último espécimen conocemos varios en el país.)

Arderius trabajó varios años como periodista y editora, pero en un momento de su vida, asociado con el amor y la maternidad, decidió cambiar de profesión. Escribe: "El tarot puede usarse con variados fines. Su aplicación más conocida es predecir el futuro. Aunque su función más valiosa es potenciar el autoconocimiento del consultante respondiendo a preguntas existenciales como: ¿Quién soy yo y dónde estoy parado? o ¿frente a qué peligros me encuentro? Y en función de esa información, aconsejar cuál es el curso de acción más adecuado para la plenitud". ¿No aspiramos a la plenitud en nuestros vínculos, en el trabajo, en la creación y en el largo viaje diario de la mañana a la noche?

Continúa en el local de la galería de San Telmo nuestra sesión motorizada por cartas pintadas. A la imagen de un carro le sigue otra de una rueda del mundo con querubines y flores; la de una joven que recoge agua en un cántaro, la de una torre que se derrumba. Esta última carta la sobresalta, Susana parpadea un instante y a continuación sonríe cuando aparece el fulgor de una estrella. El peligro, siempre al acecho, esta vez se desvanece.

Fuente: Daniel Gigena, Diario La Nación

Higiene ambiental Marketing Online


La mejor Carne al mejor Precio Llevamos el cine a tu casa! La Mejor Carne de San Telmo La Mejor imagen Yoga y Reiki El Mejor Seguro

Estética Dental! Marketing Online