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Universidad a bordo

El barco canadiense Class Afloat ancló en Puerto Madero.El buque canadiense Class Afloat navega por el globo mientras imparte materias. Ya lleva 1.700 graduados. La bióloga Asta Mail (ab. izq.) prepara a los cuarenta estudiantes. 

Estudiar en la universidad y a la vez viajar por el mundo no es imposible. No al menos para los más de cuarenta alumnos de doce países diferentes que conforman la tripulación del buque canadiense Class Afloat, que esta semana amarró en Puerto Madero para dictar parte de sus cursos en esta ciudad. Ayer zarpó nuevamente rumbo a Sudáfrica.

La travesía a bordo de esta “universidad flotante” dura seis meses o un año, y llega a costar unos 40 mil dólares. La premisa: jóvenes de entre 16 y 20 años cursan a bordo el último año de bachillerato o materias que al volver acreditan en su carrera, mientras conocen más de diez destinos en Europa, África y América Latina, y ejercen tareas de navegación como guardia nocturna, subida al mástil y manejo de timón.

“Además de las materias teóricas, aprendés culturas y se genera un vínculo muy bueno con compañeros de todas partes del mundo. Se estudia de lunes a lunes; cuando llegás a un puerto hay días de descanso y de entretenimiento”, señala Claudia Niembro (19), mexicana. Nunca antes había pensado en la navegación, pero quería viajar, y sus padres la anotaron en el transatlántico para sus últimas materias de la preparatoria. También Chris Bedford, canadiense, decidió inscribir a su segundo hijo, Justin (16), después de la experiencia a bordo de su hermano mayor. “La experiencia es transformadora; los jóvenes ven el mundo, obtienen una mirada global de temas como cultura y economía, y aprenden a conocerse a sí mismos, a resolver problemas y a trabajar en equipo”, señala.

Según David Jones, presidente del proyecto que ya lleva 1.700 graduados, es la segunda vez que el barco Class Afloat ancla en Buenos Aires. La última vez fue hace ocho años, y si bien el programa admite alumnos de todo el mundo, aún son pocos los argentinos que se anotan en la travesía. Sólo el año pasado viajó una estudiante local, y este año, Puerto Madero fue elegido como el “parent point”, donde las familias viajaron desde sus países para ver a sus hijos antes de que vuelvan a embarcar.

Prácticas. Un voluntariado en un comedor de África, un campamento beduino en Marruecos o una casa de familia en Senegal son algunas de las paradas del Class Afloat. Durante las travesías entre destino y destino, las clases se complementan con situaciones reales: por ejemplo, estudian materias de biología marina con animales recién sacados del agua. Y en Buenos Aires, por ejemplo, las clases de geografía son acompañadas con ejemplos de urbanismo local, como la peatonalización del microcentro.

Además de colaborar con el cocinero, el momento de dormir llega para los estudiantes en una habitación sin lujos, con capacidad para 60 camas. “A veces es difícil dar clase, por el movimiento del aula cuando estamos en medio del océano”, cuenta Asta Mail, la docente de biología. “En definitiva, es la oportunidad de hacer la escuela de una manera diferente”, asegura Anette Eggengoor, una canadiense que llegó al puerto porteño para visitar a sus tres hijos a bordo.

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